¿Sabe usted que es un paradigma?

Entre sus muchas acepciones encontramos, siempre en la Wikipedia;
La palabra griega “paradeigma” significa “modelo” o patrón” y en la práctica se convierte en un conjunto de reglas y disposiciones, escritas o no, que establecen o definen los límites y las formas de comportarse dentro de ellos. Se crean estructuras mentales, mitos, creencias, modelos, patrones, estereotipos que al asumirse como ciertos, resultan fáciles de adoptar, y por ende influyen en el comportamiento, actitudes y percepciones de las personas.
La palabra paradigma, como digo, tiene muchísimos y más complicados significados. Para entender este en concreto pondremos otro ejemplo de monos.

«Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos. Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo. Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos. Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos. Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo. Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar. El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo. Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso. El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos. Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos. Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así».
La historia seguro que les sonará, pues ha recorrido internet de arriba a abajo. Independientemente de que crean o no en este experimento, no me negaran ustedes la similitud con el estado actual humano de las cosas.
El experimento es comparable en toda su magnitud, dentro de este significado exclusivo de la palabra Paradigma, con el desaforado ímpetu, sobre todo de occidente, por el crecimiento económico, pese a quien pese, y caiga quien caiga. Sin saber, o haber olvidado, el por qué y el para qué.
Nuestro propio paradigma es la consecución de un objetivo inalcanzable, nuestro plátano es la imagen ficticia, idealizada, de una felicidad basada en la acumulación de capital. Es más absurdo aún, porque al menos el señuelo de los plátanos es tangible, es real, no así el fantasma del capital, que tiene como norma general que nunca es suficiente; inalcanzable, como digo.
Pero nuestro deseo de lograr esa meta nos obliga a golpear y ser golpeado por todos, alienados por las ideas de riqueza, fama, poder, seguridad, etc. En un estado de constante vigilia y competición. Temiendo u odiando al vecino. ¿Por qué? No lo sabemos, siempre fue así.
La idea original del crecimiento proviene de un pasado incierto y es aceptado por todos como lo único real, el único camino válido.
Así mismo, cometemos un error aún más descorazonador, estamos modificando ese paradigma para hacerlo más aceptable a nuestras conciencias. No nos parece tan terrible que bombardeen un país para que nosotros podamos seguir conduciendo un coche, nos da igual que niños trabajen en condiciones infrahumanas si con ello podemos llevar unos zapatos bonitos. Estamos arriba en la escala de poderes y así debe seguir.
Poco a poco, vamos siendo conscientes de nuestras miserias, pero es tan ordenada y educada esa información que nos va llegando, que la vamos aceptando sin problemas dentro de nuestro paradigma particular.
Así, ya hemos asimilado sin el menor problema, que gente que trafica con armas, que nos insulta, que nos miente o que nos roba cuanto pueden, puedan seguir gobernándonos.
Pero es imposible continuar con este modelo. Es absurda la idea de continuar gastando materia prima de la Tierra a sabiendas que se está agotando. Es terrorífico el planteamiento de un sistema de vida sustentado en el robo y asesinato de otros seres humanos por la consecución de esa misma materia prima. Es ilógico, por último, sostener el sistema de competitividad que nos rige.
Es por tanto el momento de cambiar de paradigma, de ser conscientes de que este sistema que nos ha traído hasta aquí, ha cometido su labor y ya ha finalizado su tarea.
El cambio de paradigma no ha de ser sencillo y será muy lento, pero inevitable por extremo.
El nuevo paradigma ha de ser global y ecológico, pero también personal y de colaboración. Es decir, para que se cumpla lo primero, se debe luchar con lo segundo.
El cambio político en España está cerca, y ese es el ejemplo perfecto de cooperación a pequeña escala para conseguir un éxito mayor.
A poco que se observe alrededor se podrá dar uno cuenta que un nuevo paradigma social y económico se está gestando. Se vislumbra un nuevo objetivo, un nuevo horizonte que nos permitirá estar más a gusto con nosotros mismos. Donde la igualdad sea realidad y soporte de un nuevo crecimiento, tal vez más humano y menos competitivo.
Debemos participar en ese parto y posterior desarrollo con la participación, la contribución, el voluntariado. Quitarse el polvo de la cabeza que produjo horas de fútbol y televisión, de viejas creencias obsoletas implantadas a golpe de tiempo y buen marqueting como “Dios proveerá”, “Esto es lo que hay”, “Con trabajar y llevarle la comida a mis hijos tengo bastante”, “Yo solo no puedo hacer nada”… Pues bien; Dios es un ente bastante dudoso, la historia demuestra lo poco o nada que ayuda, lo que hay depende de ti; la lucha no acaba con un trabajo, hay más, mucho más, debemos dejar a nuestros hijos un mundo mejor que como lo encontramos cuando llegamos, es una obligación moral. Y no, no estás solo en el mundo; en tu país, ciudad o barrio, se están creando asociaciones o grupos de trabajo para acabar con el viejo sistema, recuperar la democracia y acabar con los oligopolios, por poner algún ejemplo de lucha.
Trabajar, en definitiva, por un futuro que depende, ahora sí, exclusivamente de nosotros.
No es utopía, es necesidad.

http://www.ecorepublicano.es/2014/07/ada-colau-pablo-iglesias-alberto-garzon.html
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http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_del_bien_com%C3%BAn

http://es.wikipedia.org/wiki/Felicidad_nacional_bruta

http://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento

Publicado en Deguadaíratv el 21 de Julio del 2014

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